lunes, 6 de enero de 2014

Terrorismo pluvial



Se enamoró con el detonador en una mano, en la otra
dos terrones de azúcar moreno.


Me desperecé veinte veces, y seguía sin poder despertar.
Porque las nubes pesan mucho, y cuanto más grises, más pesan
más perezan.

Los bolsillos inundados todo el rato,
y dentro, los puños cerrados
otro intento de despertar,
pero no tenía uñas.


Saltó del vagón porque la cuenta atrás ya estaba ahí,
y quiso saber si tenía la edad que aparentaba,
si se le caían las gafas como a ella las cenizas entre los dedos
si añoraba desde hace ya tiempo, amanecer desnudo en una azotea.


Volví a bostezar por infinitésima vez,
maldito todo.
Que salga ya el sol.

martes, 19 de noviembre de 2013

Leucina encefalina


¿Qué naufragios son estos que no los entiendo?

Que desde que retornó la sangre a la corriente se estremece todo demasiado y a la vez
se derriten los terrones de azúcar y se quedan negros entre los dedos, entre los resquicios de la sartén.

Se desatan los caminos azules ante la inminencia del amanecer. Y los semáforos, todos en rojo. Y vaho por la boca constantemente, y mis propias pisadas en las orejas, amortiguadas por la absoluta carencia de ausencia.

Que se desborda. Que se abrió la llave de paso y no hay quien pueda con el óxido.

Y lo único que hacen mis dedos es sangrar,
pero no consiguen doler, y tampoco curar
y todo vuelve a empezar
y tal vez haya que cambiar de rumbo

derrumbarse por las escaleras de incendio y zambullirse en un ácido paisaje,
que esta vez espero, no me haga llorar.


sábado, 26 de octubre de 2013

Hirsuto sábado


Tengo nudos marineros que no auguran tormenta
pero se me estrechan con fuerza a cada pasadizo vital.

La garganta, el estómago, la médula espinal.

El vagón transitado, el cristal empañado, el intermitente borracho y el calor; ahogando como si fuéramos presa para comer esta noche y saciar la semana entera.

Me dejaré respirar,
amando todos los días.

Me dejaré reposar,
flotando inerte en el mar.

Me regaré las neuronas, con etil mortal
para que no se sequen, para que no revienten.



martes, 24 de septiembre de 2013

Corre, mundo, rueda



Pienso
y pienso que se me colorea la corola
que somos cadavéricos siempre
desde el momento en que dejamos de ser flores.

Se me quitan las ganas así,
pero entre tanto me entre tengo

y estudio estúpidos versos que repetir cuando aceche el silencio.

Porque yo no sé sacar conversación a los floreros,
yo me los bebo y entonces converso.

Herencias,
así son mientras tanto
así son las quieras o no

Carretes quemados aquí y ahora
eso son las retinas
y como nos quedemos sin párpados estamos jodidos.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Atráfagas


Guardo un reloj entre las bragas,
un reloj que se ha parado.

Me fundo un poquito en los resquicios de las plazas
y observo como se detiene la vida

fotograma a fotograma.

Pero la gente no calla
saca los colchones a la terraza y resbala,
temblando en la hora más fría de la mañana.

Temblando ante los mismos miedos,
resbalando sobre las mismas piedras

una vez y otra,
y otra vez se tumban boca arriba y sangran.

Yo también sangro, pero de alguna manera, me gusta
de alguna grieta rezumo ese perfume que, me gusta
he cerrado la puerta sin llave y, me gusta.



martes, 6 de agosto de 2013

Todo fluye



Más cerca de lo que nunca me he encontrado del recto camino
pero sólo cerca, porque olvido la manera
de hacer

10000 grados Kelvin del cielo más ardiente al que me he agarrado nunca
quemando el fondo de mi bolsillo
chinando la tela reblandecida
de pantalones que no lavo nunca

Pero no me queman la piel
y si lo hacen, no lo noto
como no oigo a la gente,
ni recuerdo ardores que tal vez nunca existieron.

Una suerte de azul cerúleo me abraza a veces hasta dejarme sin sentido
acceso denegado
y un libre albedrío manso
una libido abotargada
una vela goteando sólida sobre la mesilla de noche

Hay ciertas cosas que ya nunca serán
cosas tan leves...
cosas.



sábado, 20 de julio de 2013

Es ya una locura



Ya no existe el hambre para el que perdió el humor.
El hambre salvaje que movía el mundo.
El que rellenaba los huecos con olas azules, furiosas.

Todo ha quedado en salas blancas sin pátina,
sin azul de Alejandría
y contándoles mentiras a los que llegaron tarde
se escabulle uno del futuro incierto
lanzando garbanzos desde la azotea

nos sentamos para recordar las primeras aventuras,
que entre el humo y los vasos con posos de ayer
se quedan ahí arriba,
se quedan entre las tejas, entre las parabólicas
se quedan entre rejas, haciendo escala
para siempre.