jueves, 15 de diciembre de 2011
A patadas si hace falta
Son sólo palabras, y no se las llevará el viento.
Antes del acueducto, eras una niña...
una niña cómo?
Una niña que anhela recibir honores.
Unas ganas ridículamente incontenibles de reír a carcajadas en el funeral, una lágrima rauda y veloz en mitad de orgasmo. Qué pasa? Claro caso de erotanatósis. Eso es terminal? Es crónico, congénito, autoinmune... y degenerativo. No hay paliativo que valga, porque lo que hay que hacer es mirarlo de frente y conversar con ello hasta altas horas del amanecer; y toda la carrerilla que se coja para finalmente zambullirse nunca será suficiente, pero ahí estará el océano. Y cuanto más duela el salto, tanto más placentera será la sumersión.
Se revolcaba en el fango sabiendo que pronto llegaría la tormenta, rodaba por la arena sabiendo que tenía la orilla del mar cerca, colgaba de la rama más alta del bosque sin recordar qué distancia había entre el suelo y el cielo.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Libre albedrío y determinismo
Se me hizo más corto el funeral esta mañana,
tabaco viejo, papel mojado, alguna relación tendrá...
Esto ya no es lo mismo y me hace sonreír,
Chocolate caliente, con dulce de leche, con azúcar por si acaso
Por si el cerebro se me quedara con hambre en mitad de la noche, hoy larga, mañana preveo que corta.
La entrada de las heladas, superada con éxito
a las once de la mañana, apoyada en una esquina, cual mujer de vida triste,
pero sin serlo.
lunes, 14 de noviembre de 2011
Un electrón del montón
Llueve por-sobre-encima de mí
al otro lado del cristal las gotas se tiran en picado y sin mirar atrás.
so IT is
La energía no se gasta, se transforma, y como piojos poblamos lo inhóspito descalzos. Como hormigas en hileras, como pollos amontonados en la gran explanada industrial.
Nadie pía, nadie llora de cara a la pared.
Sólo se reclinan hacia atrás esperando en vano romperse la columna vertebral.
Todo se ha disuelto de la manera más rápida, centrípeta, centrífuga, simultánea.
Aquí hay algo que funcionará si te callas.
Nada ha cambiado desde nunca, sólo lo que se encubre y se descubre.
Sólo lo lícito y lo ilícito.
martes, 25 de octubre de 2011
Espectoraciones
No queda lugar para los que callan, no queda lugar para los que nacieron con las comisuras de los labios descendentes, no quedarán reductos rurales para los ermitaños no-frost.
A veces no queda otra.
A veces, clavarse en el suelo al margen de la corriente arranca los párpados de su hermetismo huracanado y se traga; agua, sal, bosquejos de tinta y nada.
Violeta a más no poder, amoratada la tráquea y la mandíbula colgando de su bisagra estiloidea, los dientes descarrilados, la nariz un surco rojo, y la empatía cubierta de mugre... Traducción, un bostezo, una ligera mueca de asco, y un calculado deslizamiento del cuerpo hacia el suelo.
Nunca curaré, por tanto... nunca más enfermaré. Optimismo a pelo, sin azúcar, sin leche, amargo como... como qué? Como la sonrisa forzada del idiota empañando el cristal? Como el dedo simiesco que se arrastra sin piedad por el campo de batalla de la precipitación infantil.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Distopía de la alta cultura
Por un puñado de erudición se alquilaban cuerpos día y noche. Por un puñado de erudición se desataban las guerras. Por un puñado de erudición se mataba y se moría.
Cuatro años dedicados a atesorar dinero para acabar recibiendo tres novelas rosas al mes a cambio de cuarenta horas de trabajo semanales. ¿Y los años anteriores? Acumulando cobre, monedas mal acuñadas y algún que otro billete de poco valor con anotaciones a bolígrafo y mil y una sustancias conviviendo entre sus dobleces de fibrilla de algodón. Alguna vez, cuando la posibilidad le permitía arremolinar suficientes de esos, rascando con ímpetu, podía llegar hasta a hacerse una raya.
El sueño inquieto del que dormía bajo el puente se debatía entre salir a pedir alguna revista del corazón para pagarse aquello que le quitaría el hambre y otras ansias por unas horas; o guardárselas para intentar rehacer su vida sobre el puente, o mejor, lejos de él. Al final llegaba la pesadilla recordándole que probablemente sólo conseguiría algún panfleto de propaganda arrugado, y daría gracias por que no fuera de alguna secta de desnortados sin fronteras.
El padre de familia de clase media aspiraba a algún día, nadar entre enciclopedias actualizadas, deleitarse con óperas trasnochadas y, por qué no, cumplir sus fantasías sexuales con alguna fémina jóven con doctorado. No quería esto decir que se olvidase de su familia, para ellos quería lo mejor. Que su mujer tenga los clásicos y sus correspondientes comentarios por expertos a su plena disposición para que nunca le falte tema de conversación en el café más moderno de la ciudad. Que sus retoños acumulen a ser posible billetes de más de cincuenta euros para tener ese futuro, tan incierto de un tiempo a esta parte, asegurado. Así se garantizarán, al menos, no tener que conocer la miseria del best-seller, por no hablar de los divulgadores científicos y los tertulianos de la televisión.
Y en la cúspide del intelecto, en la cresta de una ola que parecía no romper nunca, se hallaban esos pocos cerebros andantes. Desayunaban física cuántica aderezada con alguna cuestión metafísica desnatada. Conociendo como conocen, la situación del resto de la humanidad, reflexionan impasibles en sus ilustrados palacios. De vez en cuando, sedan su conciencia lanzando al aire arte conceptual. Lamentan después la mala gestión de estas amables donaciones preguntándose inútilmente qué es lo que falla dentro del mecanismo... Minucias, si esta cuestión les quitara el sueño, siempre recurrirían a un confortable problema de genética molecular antes de ir a dormir.
martes, 20 de septiembre de 2011
El sentido de la vista
Son las 4 de la mañana y huele a podredumbre de fondo de cubo. A orín oxidado, a callejón deflorado, a extensión de conversación mohosa ya. Gotea la bolsa y se desintegra despacio la carne, desprende calor y no llega a caerse, nunca. Se funde con el suelo cuando lo toca, y ya no es lo que solía ser. Se banaliza a sí misma y... se pierde.
Son las 10 de la mañana y huele a canela en té, en rama, en polvo. Polvo espolvoreado en galleta, en galleta cuadrada, rectangular, cuadrilátera sin lugar a dudas. Niebla en el pecho y respiración profunda, diafragma a punto, no de estallar, sino de despertar. De salir de un letargo de horas que parecieron años.
Son las seis de la tarde y huele a chuche. A golosina si lo prefieres, a fruta del bosque en definitiva. Que no llega a refrescar porque se enreda, como el pelo entre los dedos, no hablo ya de entre las púas. La golosina camina en una rima infantil, como en la cuerda floja, en equilibrio, en alivio, en tensión. Se relame los labios con saña y suspira.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Intransitable
Patronizados bajo las estrellas, cargados de salud mental, nos llevamos arrastrando al abismo,
se nos saltan las lágrimas mientras descorchamos las costras que no nos dejarán curar
jamás, ladraremos al unísono y nos perderemos intentando descifrar de qué color es el mundo
Faltan doce días para llegar al final del camino polvoriento
donde me descalzaré y correré a sotavento,
aplaudiré a la nada y reiré la risa de las hienas desbocadas.
Aquí sólo tienen prisa los que quieren llegar a algún lado,
los que hace tiempo que no llevan las córneas empañadas de sudor,
entre tanto y entre tan poco, el ahora sigue rodando.
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