jueves, 19 de enero de 2012

Naif

Esta no es Nancy Fawles. Tampoco es Candy Fawles.

Nancy Fawles se creía todo lo que le decían. Hablaba poco porque le gustaba escuchar, y porque tampoco sabía nunca responder. Era tranquila porque gustaba de observar el mundo como si de un hormiguero se tratara.
A Nancy Fawles siempre le dijeron que era lista, ordenada, educada... FALACIAS
Nancy Fawles tenía sed, pero la abonaban olvidándose de regarla. Nancy Fawles era tan desordenada que daría asco compartir madriguera con ella. Nancy Fawles aparentaba estoicismo victoriano por el simple hecho de que en realidad era algo maquiavélica.


Candy Fawles comenzó a preguntarse quién habría sido el idiota que le había hecho creer que era alguien que en realidad no era. Con reticencias, pero se lo había tragado sin respirar, con los ojos cerrados. Se apartó un mechón que le caía en la frente mientras daba una calada demasiado profunda al cigarro atrapado entre sus dedos de uñas con el esmalte no demasiado desconchado. Se apresuró a apagar el resquemor de la comisura de sus labios con un sorbo demasiado largo de café.

_Te cuesta pensar, eh?

_Sí... me cuesta... bastante.

La primera reacción de Candy Fawles fue la risa nerviosa. Porque sabía que era cierto. La segunda reacción de Candy Fawles fue ofenderse por dentro. Porque sabía que era cierto. La tercera reacción de Candy Fawles fue apartar el pensamiento para un rumiado posterior. Porque sabía que era cierto, pero no era el momento de pensar en certezas.

¿Qué sabía hacer Candy Fawles en realidad? Nada. Nada útil. Nada inútil. Tragar y escupir, inspirar y exhalar. Candy Fawles comenzaba a temer por su futuro. Porque haber decidido su fecha de muerte no era suficiente para pisar sobre seguro en el oscuro camino de la incertidumbre.

_Esta noche me comeré todas las estrellas que vea brillar desde mi ventana.

_Vale, dame un toque cuando lo hagas.


P.D. A Nancy Fawles no le gusta su nombre yanqui. A Candy Fawles tampoco.



miércoles, 11 de enero de 2012

Querer es podar



Mientras sigamos cuerdos, la razón nos seguirá lamiendo los dedos de los pies. Habrá partículas en el aire que creen enfermedades colectivas. Suicidios en masa desde lo alto de acantilados rocosos.

Ancianos matando sus últimas horas en los bancos de los parques, fumando en pipas que quisiera hacer mías, criando barbas frondosas y mullidas que quisiera hacer emblema de mi vejez. Tal vez luces de colores que nos hagan recordar que lo peor es soñarse vomitando en una urna de 20 metros cúbicos a la vez que tres arpías poliuretánicas no te quitan la vista de encima. Y lo peor, cuchichean. Y que ese sueño desemboque en confusiones de tinte erótico-político.

Despertarás sacándole el jugo a un caramelo de fresa pegado al paladar. Mentirás y negarás hasta las últimas consecuencias tu desconocimiento sobre el sabor del mismo. "Pero si sabe a limón! Limón con miel para más señas! Azucarado, no edulcorado, porque tengo miedo al cáncer de falta de afecto."
Tu hígado no puede más, se desgarra por dentro y eso que en vida no probaste ni una sola gota del líquido embriagador. En vida... pero nunca pensaste en muerte. En muerte cerebral te entregaste al etil, al perfume de la indefensión. Piensa ahora, o púdrete para siempre.

jueves, 15 de diciembre de 2011

A patadas si hace falta


Son sólo palabras, y no se las llevará el viento.

Antes del acueducto, eras una niña...

una niña cómo?

Una niña que anhela recibir honores.


Unas ganas ridículamente incontenibles de reír a carcajadas en el funeral, una lágrima rauda y veloz en mitad de orgasmo. Qué pasa? Claro caso de erotanatósis. Eso es terminal? Es crónico, congénito, autoinmune... y degenerativo. No hay paliativo que valga, porque lo que hay que hacer es mirarlo de frente y conversar con ello hasta altas horas del amanecer; y toda la carrerilla que se coja para finalmente zambullirse nunca será suficiente, pero ahí estará el océano. Y cuanto más duela el salto, tanto más placentera será la sumersión.

Se revolcaba en el fango sabiendo que pronto llegaría la tormenta, rodaba por la arena sabiendo que tenía la orilla del mar cerca, colgaba de la rama más alta del bosque sin recordar qué distancia había entre el suelo y el cielo.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Libre albedrío y determinismo



Se me hizo más corto el funeral esta mañana,
tabaco viejo, papel mojado, alguna relación tendrá...
Esto ya no es lo mismo y me hace sonreír,
Chocolate caliente, con dulce de leche, con azúcar por si acaso
Por si el cerebro se me quedara con hambre en mitad de la noche, hoy larga, mañana preveo que corta.
La entrada de las heladas, superada con éxito
a las once de la mañana, apoyada en una esquina, cual mujer de vida triste,
pero sin serlo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Un electrón del montón


Llueve por-sobre-encima de mí
al otro lado del cristal las gotas se tiran en picado y sin mirar atrás.
so IT is
La energía no se gasta, se transforma, y como piojos poblamos lo inhóspito descalzos. Como hormigas en hileras, como pollos amontonados en la gran explanada industrial.
Nadie pía, nadie llora de cara a la pared.
Sólo se reclinan hacia atrás esperando en vano romperse la columna vertebral.
Todo se ha disuelto de la manera más rápida, centrípeta, centrífuga, simultánea.
Aquí hay algo que funcionará si te callas.
Nada ha cambiado desde nunca, sólo lo que se encubre y se descubre.
Sólo lo lícito y lo ilícito.


martes, 25 de octubre de 2011

Espectoraciones


No queda lugar para los que callan, no queda lugar para los que nacieron con las comisuras de los labios descendentes, no quedarán reductos rurales para los ermitaños no-frost.
A veces no queda otra.
A veces, clavarse en el suelo al margen de la corriente arranca los párpados de su hermetismo huracanado y se traga; agua, sal, bosquejos de tinta y nada.
Violeta a más no poder, amoratada la tráquea y la mandíbula colgando de su bisagra estiloidea, los dientes descarrilados, la nariz un surco rojo, y la empatía cubierta de mugre... Traducción, un bostezo, una ligera mueca de asco, y un calculado deslizamiento del cuerpo hacia el suelo.
Nunca curaré, por tanto... nunca más enfermaré. Optimismo a pelo, sin azúcar, sin leche, amargo como... como qué? Como la sonrisa forzada del idiota empañando el cristal? Como el dedo simiesco que se arrastra sin piedad por el campo de batalla de la precipitación infantil.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Distopía de la alta cultura



Por un puñado de erudición se alquilaban cuerpos día y noche. Por un puñado de erudición se desataban las guerras. Por un puñado de erudición se mataba y se moría.

Cuatro años dedicados a atesorar dinero para acabar recibiendo tres novelas rosas al mes a cambio de cuarenta horas de trabajo semanales. ¿Y los años anteriores? Acumulando cobre, monedas mal acuñadas y algún que otro billete de poco valor con anotaciones a bolígrafo y mil y una sustancias conviviendo entre sus dobleces de fibrilla de algodón. Alguna vez, cuando la posibilidad le permitía arremolinar suficientes de esos, rascando con ímpetu, podía llegar hasta a hacerse una raya.

El sueño inquieto del que dormía bajo el puente se debatía entre salir a pedir alguna revista del corazón para pagarse aquello que le quitaría el hambre y otras ansias por unas horas; o guardárselas para intentar rehacer su vida sobre el puente, o mejor, lejos de él. Al final llegaba la pesadilla recordándole que probablemente sólo conseguiría algún panfleto de propaganda arrugado, y daría gracias por que no fuera de alguna secta de desnortados sin fronteras.

El padre de familia de clase media aspiraba a algún día, nadar entre enciclopedias actualizadas, deleitarse con óperas trasnochadas y, por qué no, cumplir sus fantasías sexuales con alguna fémina jóven con doctorado. No quería esto decir que se olvidase de su familia, para ellos quería lo mejor. Que su mujer tenga los clásicos y sus correspondientes comentarios por expertos a su plena disposición para que nunca le falte tema de conversación en el café más moderno de la ciudad. Que sus retoños acumulen a ser posible billetes de más de cincuenta euros para tener ese futuro, tan incierto de un tiempo a esta parte, asegurado. Así se garantizarán, al menos, no tener que conocer la miseria del best-seller, por no hablar de los divulgadores científicos y los tertulianos de la televisión.

Y en la cúspide del intelecto, en la cresta de una ola que parecía no romper nunca, se hallaban esos pocos cerebros andantes. Desayunaban física cuántica aderezada con alguna cuestión metafísica desnatada. Conociendo como conocen, la situación del resto de la humanidad, reflexionan impasibles en sus ilustrados palacios. De vez en cuando, sedan su conciencia lanzando al aire arte conceptual. Lamentan después la mala gestión de estas amables donaciones preguntándose inútilmente qué es lo que falla dentro del mecanismo... Minucias, si esta cuestión les quitara el sueño, siempre recurrirían a un confortable problema de genética molecular antes de ir a dormir.